A lo largo de la historia la iglesia Católica ha dado una falsa enseñanza acerca de quien es la persona idónea por la cual podemos acceder a la salvación de nuestras almas, sin tomar en cuenta lo que nos dice la sagrada escritura, La biblia, se contrapone a lo establecido por nuestro Padre Celestial en la persona de Jesucristo.
La Doctrina Católica enseña:
La virgen María es nuestra intercesora delante de su hijo Jesucristo, y por lo tanto uno de los mejores caminos que llevan a Dios. Es nuestra abogada y auxiliadora. La Santísima Virgen María ocupa el privilegiado lugar de Cooperadora de la Redención, porque colaboró con su fe y su obediencia libres a la reconciliación de los hombres.
- En la fotografía se puede observar al ya fallecido Papa Karol Wojtyla postrado de rodillas ante una estatua: la Virgen de la Caridad, en el Santuario Nacional de San Lázaro, Cuba.
La Biblia enseña:
Jesucristo es la Puerta, el Camino, el Abogado, el Mediador... Pero, la Biblia no enseña acerca de que María sea el camino a Dios, auxiliadora, corredentora o mediadora:
«Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1ª Timoteo 2:5).
«Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo» (1ª Juan 2:1).
«Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6).
«Yo soy la puerta (Jesucristo); el que por mí entrare, será salvo» (Juan 10:9).
La Biblia resulta determinante acerca de la autoridad de María otorgada por la Iglesia Católica. En cierta ocasión Jesús afirmó: «¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre» (Mateo 12:48-50).
De igual modo respondió con firmeza ante la declaración de una espontánea del público: «Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan» (Lucas 11:27,28). Por supuesto, Jesús no quiso desacreditar a su madre, sino más bien a aquellos que ya comenzaban a otorgarle ciertas atribuciones de autoridad mal entendida. Con los siglos la Doctrina Católica ha caído en el mismo error, creando todo un monumento doctrinal a la madre de Jesús, donde en realidad la Biblia no lo contempla en ningún lugar. Por ello Jesucristo ratificó en varias ocasiones: «Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen» (Lucas 8:21).
En definitiva, ni Jesucristo, ni tampoco los mismos apóstoles, nos indican en ningún lugar del Nuevo Testamento que acudamos a María, ni para brindarle adoración, ni tampoco para recibir sus favores como intercesora o corredentora delante de Dios. «Un solo mediador, Jesucristo», hemos leído en el texto bíblico anterior. Nos preguntamos: ¿No es mejor honrar la memoria de María, siguiendo su consejo, cuando en las bodas de Caná, y señalando a su Hijo, dijo a los que servían: «Haced todo lo que él (Jesucristo) os dijere». Y ésta, precisamente, fue la recomendación de María que todos los cristianos hemos de seguir: Haciendo todo lo que Jesucristo nos dijere...
La oración o adoración a los santos e imágenes
La Doctrina Católica enseña:
Es lícito orar a quienes, debido a sus buenas obras, han sido declarados santos por la Iglesia Católica, ya que están en la presencia de Dios, y su labor es cuidar de aquellos que han quedado en la tierra... Su intercesión por los hombres es el servicio que están prestando en el cielo, según el plan de Dios. Debemos así rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.
Es lícito orar a quienes, debido a sus buenas obras, han sido declarados santos por la Iglesia Católica, ya que están en la presencia de Dios, y su labor es cuidar de aquellos que han quedado en la tierra... Su intercesión por los hombres es el servicio que están prestando en el cielo, según el plan de Dios. Debemos así rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.
La Biblia enseña:
La Biblia prohíbe explícitamente el hacerse imágenes, esculturas, y postrarse ante ellas, en petición, adoración o ruego. Contrariamente al mandamiento bíblico, en la foto anterior hemos visto al que fue un máximo representante de la Iglesia Católica arrodillándose ante una imagen… Con todos los respetos afirmamos que no se debe practicar dicha doctrina anti-bíblica:
La Biblia prohíbe explícitamente el hacerse imágenes, esculturas, y postrarse ante ellas, en petición, adoración o ruego. Contrariamente al mandamiento bíblico, en la foto anterior hemos visto al que fue un máximo representante de la Iglesia Católica arrodillándose ante una imagen… Con todos los respetos afirmamos que no se debe practicar dicha doctrina anti-bíblica:
«No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás» (Éxodo 20:4,5).
«Guardad, pues, mucho vuestras almas... para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de varón o hembra» (Deuteronomio 4:15-16).
Ciertamente la Biblia habla de santos, pero no de los que han muerto, sino de los santos vivos (“santo” significa apartado del mundo para Dios). El apóstol Pablo escribe: «A los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso (todos los creyentes de aquella ciudad) (Efesios 1:1). De la misma manera envía sus saludos por carta a aquellos que eran miembros de la iglesia en Filipos: «Saludad a todos los santos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:21).


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